No es ni mucho menos tan fácil como parece,
pues por ser libre algunos te verán como hereje;
serás enemigo de monos voladores y manipuladores,
y, sobre todo, del cobarde y de la sociedad dependiente.
Es muy probable que muchas veces solo estés,
y que confundan ser libre con ser un mequetrefe;
sin apoyos, te verán como una lámina enclenque,
y el silencio, muchas veces, será tu compañero silente.
Ser libre es poder decir aquello que uno piensa,
lo cual, para la mayoría, es una absoluta quimera;
en el trabajo, la verdad rara vez se pronuncia,
y la meritocracia se convierte en una espera.
Ser libre es caminar sin pedir permiso a nadie,
sin agachar la cabeza ante quien pretende juzgarte;
es saber que la soledad puede ser el precio
de no vender tus principios para poder encajar.
Porque el hombre libre no siempre es comprendido,
ni recibe aplausos por mantenerse erguido;
pero aunque el mundo prefiera al dócil y obediente,
prefiero estar solo siendo libre que acompañado siendo dependiente.