Diego Pantoja

EL JUICIO DE LOS VIVOS

No sé qué habrá detrás de la muerte

cuando el último hombre cierre los ojos,

pero sé que hay cuentas que no perdona el tiempo

y nombres que terminan pesando

más que aquello que hicieron.

 

He visto al justo quedarse sin respuestas

y al cobarde dormir como si nada.

He visto la culpa cambiar de casa,

ponerse otra camisa,

aprender a sonreír delante de los demás.

 

Pero hay una ley que nadie firma

y que, sin embargo, cumple el mundo:

todo lo que hacemos

encuentra alguna vez el camino de regreso.

 

Por eso no me alegra tu caída.

No quiero verte de rodillas

ni escuchar que la vida te cobró lo que hiciste.

Me basta con saber

que algún día tendrás que vivir contigo.

 

Y ese será el castigo.

 

Porque puedes engañar a un pueblo,

puedes comprar silencios,

puedes llamar verdad a tu mentira

hasta que todos terminen repitiéndola,

pero no existe poder capaz de absolver

a quien se queda solo frente a sí mismo.

 

Quizá entonces comprendas

que el daño no desaparece

porque cambie de dueño la memoria.

 

Quizá entonces, cuando nadie te mire,

cuando ya no quede aplauso

ni puerta que puedas cerrar,

escuches detrás de tus propios pasos

aquello que sembraste.

 

Y si existe un cielo para los culpables,

si Dios permite alguna vez

que los condenados entren por sus puertas,

yo no pediré justicia.

 

Esperaré.

 

Porque el karma traerá al diablo al paraíso

para que también allí

tenga que mirarte a los ojos.