Ayúdame a entender el miedo, el deseo,
un amigo llamado Leonardo comentó,
salvando la vida salvamos los momentos de locura,
gritando «¡Sálvame, Padre!», llevaron a Emanuel al cadalso.
Un amigo pasó y meditó, ¿será posible la maldad?,
la mano piadosa se anima a no perder el poder,
hace dos mil años el cielo lloró, de dolor,
dolió el perdón.
Un dolido manifiesto gritó compasión,
el altar del poder perdió la fe.
¿Dónde va la maldad?, vestida de ingenuidad,
vamos junto al centurión, es el Armagedón.
Sufrió la tía, la vecina, la madre tornó tenue la mirada,
una voz socorrió al fariseo, no es hora de morir,
un rayo, una centella se hicieron presentes.
Verdes esperanzas, ánimos soñolientos,
injusta la montura de la parábola hablada,
llanto de dos mil vidas sepultadas.
Lázaro Vasallo
25/8/2026
Mundo Perdido