Sierdi

EXTINCIÓN

 

La próvida tierra, aguza marejada en los valles.

El turbio río, tose, cerrando sus brazos. Todas sus vertientes.

 

Ya sin fuentes, los mortales giran...

No hacen caso. 

 

En su afán y delirio de construir anchas calles grises y torres.

Los hombres ¡callan! sin mirar las cicatrices.

 

Se sacuden; sucio seco polvo.

Con sed y escaces, sin las perdices.

 

La penumbra desafía, albura luz. Regalo de Dios.

 

Mientras, sórdido lamento se derrama, como lágrimas de un sueño, que finge deshacer todas sus culpas.