No éramos nada,
pero cómo nos gustábamos.
Y creo que los dos lo sabíamos,
aunque ninguno se animara a decirlo.
No hacía falta estar juntos
para buscar cualquier excusa para acercarnos,
ni hacía falta decir “te extraño”
para saber que nos hacía falta el otro.
A veces me pregunto
qué habría pasado
si aquella vez nos hubiéramos animado un poco más.
Porque tú y yo tenemos un beso pendiente.
Uno de esos que no se dieron
pero que todavía se sienten.
Y qué peligro volver a encontrarnos con estas ganas,
con todas las cosas que nos quedamos guardando,
con esas miradas que dicen demasiado
y con las ganas de hacer como si nunca hubiera pasado nada.
Pero pasó.
Y todavía me acuerdo.
Así que si alguna vez me extrañas,
dímelo.
Dime que me extrañas
y yo hago el resto.
Porque no sé qué tienes,
pero de ti siempre quiero otro beso.
Otro momento.
Otra mirada.
Otra excusa para quedarme cerca.
Y quizás seguimos sin ser nada.
Pero si me preguntas qué quiero...
quiero volver a encontrarte
y descubrir si ese beso pendiente
todavía nos está esperando.