Solo la voz y también la piel;
es la superficie de las cosas.
¡Basta!
No son sus orejas
ni sus labios,
no son sus piernas
ni sus ojos,
solo el tacto de los dedos
y la piel.
Mi mano no alcanza
a tocar más allá;
distraído, resbalo
y acaricio el contorno.
Se retira saciada
sin advertir el ulular inútil
de la cavidad de las entrañas,
ni el ímpetu
del cuajo de la sangre.
El que se va de la memoria
deja de ser mundo,
deja de ser río, de ser aire,
para ser solo un penoso
adiós y nunca.