Ansioso la esperaba,
y un viento arrimó un dulce olor a pan;
la inquietud se hizo trueno:
retumba ya la apasionada fiera.
El tiempo tan fugaz,
cayó eterno y se sentía a la espera,
y la luz de mi encanto
resaltaba en los hornos su belleza.
Luego el latido mudo se alteró,
mar de gotas llovió
y mi gris locura llegó a salir
cuando la vi partir.
La perdí entre los negros de los hornos,
pero quedó su luz
silenciosa con el fulgor de diosa,
quedando mi alma en paz.