Hoy la mañana tenía tu olor. Será porque el cielo estaba medio gris y entre oleadas de gente aparecía tu perfume.
Será porque fue una mañana atípica, donde perdí dos colectivos y casi no llego al tren.
Será porque ese perfume tuyo todavía me revuelve las tripas, me nubla de angustia y me priva de ser.
El otro día te imaginé pidiéndome matrimonio, algo que yo creía que era compartido o, al menos, así lo decías. Te vi arrodillado, llorando emocionado, rojo por la timidez y decidido a amarme.
En medio segundo la imagen se fue. Recordé todas las charlas imaginarias con tus amigos, ridiculizándome.
A veces puedo decir que te extraño. Que despertabas en mí las ganas de ser. Que nos creía invencibles y veía unos piecitos pequeños corriendo a abrazarte cuando volvías del trabajo.
Me veía planchándote las camisas para ir a trabajar y puedo decir que la imagen me gustaba, porque para vos todo, para mí nada.