El día que fui todos
salí temprano a la calle,
y vi pasar muchas vidas
bajo la misma mañana.
Vi al niño correr descalzo,
vi al viejo mirar el cielo,
vi a una mujer con su pena
caminar bajo el silencio.
Vi manos llenas de trabajo,
rostros cansados de espera,
y ojos que aún conservaban
la luz de alguna esperanza.
Sentí la risa del niño,
sentí la fatiga del viejo,
y comprendí que en cada rostro
también vivía mi espejo.
Fui quien espera y quien llega,
quien pierde, ama y perdona;
fui la herida de otro pecho
y la alegría que asoma.
Aquel día no fue un día:
fue una vida compartida.
Fui todos, y siendo todos,
comprendí mejor mi vida.
Emiliodr/Agosto 23/26