Tintas azabache,
que de hollín cubris mis plumas,
sois tormento y revoltijo,
nube de humo para el alma
Sois palabra enterrada,
convertida en piedra de rabia,
Y se acumula en mis entrañas
como un potro en embestida
¿Cuánto tiempo puede un volcán
tragarse el magma y el estruendo?
Quiero escupir este veneno
y romper todas las trabas.
Que muera el ruido del mundo,
solo quiero respirar silencio.
Oír el latido profundo
del espacio sin límite,
ser un eco que se mece
entre dos brazos...
Que no existen.
No hay regazo donde asirse,
solo un trazo de memoria,
un exilio voluntario
hacia una historia inexorable.
Es un bucle... ¿sin escapatoria?
Otra vez subí a la noria
de los cuentos imposibles
y las ansias de querer.
Volcán que quieres ser
y descansar en otro rostro:
¿por qué buscas en la piel
lo que hay en ti y no quieres ver?