José Luis Barrientos León

Oda al hado inevitable

 

No busques el sendero ya extinto, Adriana,

la corriente del tiempo nos arrastra

con la fuerza de un río caudaloso que ruge hacia el olvido.

Vendrán días de muros invisibles,

donde el alma se encuentre confinada y huérfana,

lamentando el tributo de haber sido llamada a la existencia.

 

En ese instante de penumbra, evoca el signo

que grabé sobre el papiro en horas idas,

moldeado en tu recuerdo, igual que ahora que te nombro.

La existencia sostiene su armonía oculta;

tras la tormenta y el dolor severo,

el destino te otorgará alianzas y el calor de un pecho afín.

 

El ser humano, desunido y quebrado en su soberbia.

es solo un soplo de ceniza leve que el viento desvanece;

pero otros hombres aguardan la firmeza de tu estirpe.

Que tu serena calma les sirva de refugio,

y tu palabra sea ley y guía entre el confuso estrépito del mundo.