Jaime Correa

LA ROSA

En un jardín de nácar y de lilas, 
donde suspira el céfiro liviano, 
vi una rosa de púrpuras tranquilas, 
digna de estar en la mano de un humano. 

Y pensé: para mi dama soberana 
esta flor será cántico y consuelo.
Mas codicié la ajena y tan galana,  
y al hurtarla me halló el dueño del suelo.
No hubo puñete, sino voz serena 
que me enseñó con risa y con doctrina: 
Joven, el amor no se compra en pena. 
Ve y compra rosas, que es más fina. 

Así aprendí que el oro bien gastado 
vale más que un robo apasionado. 
Y volví a mi amada, ya perdonado, 
con flores nuevas y el corazón curado.

Jaime Correa © derechos reservados
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