Autor: Dario Daniel Lugo
El no-lugar ha dejado de ser una abstracción lejana.
Se ha transformado en el suelo firme donde asentamos la conciencia.
Sus paredes de sombra nos protegen del ruido exterior;
sus horizontes infinitos nos recuerdan nuestra propia finitud.
Aquí no hay nostalgias ni promesas consolatorias.
Hay solo la verdad desnuda de la existencia presente.
La arquitectura está completa: el templo del silencio
está listo para recibir el límite final del lenguaje.