Y para qué mentir, si al fin y al cabo,
conmigo he de vivir y no contigo,
no he de matar al ruiseñor que abrigo,
tal vez vaciar la nota en la que agravo.
La nota a la que sigo siendo esclavo
esa que me hizo rey y ahora mendigo.
¿De quién huyo?, ¿a qué temo?, ¿a quién maldigo?
soy llama de tu hoguera, en ti me acabo.
Ya tuve entre mis dedos esa rosa
que brotó de una rama de la luna,
y fui pez de tu mar y fui velero
de esa cumbre de nieve que hoy reposa
y cubre de espejitos la laguna
de mis nombres, del último al primero.