Lo que quedó de ti
Tengo la noche llena de cosas que no sé dónde poner.
Hay días en que me despierto
con el corazón cansado de recordarte,
como si hubiera pasado la madrugada
barriendo tus pasos de mi memoria
y siempre quedara alguno debajo de la cama.
No sé qué hacer con esta tristeza.
La llevo conmigo como quien lleva una casa vacía:
abro las ventanas,
dejo entrar el sol,
cambio las sábanas,
y, sin embargo,
sigues viviendo en todas las habitaciones.
A veces pronuncio tu nombre
solamente para escuchar cómo suena
una palabra que ya no me pertenece.
Y entonces me quedo quieto.
Porque hay silencios que pesan más que una despedida.
He aprendido que perder a alguien
no es solamente dejar de verlo.
Es perder las pequeñas cosas que lo acompañaban:
la manera en que uno esperaba un mensaje,
la costumbre de contarle cualquier tontería,
el lugar exacto de la cama
donde imaginábamos que algún día
volveríamos a encontrarnos.
Ahora duermo con mis recuerdos
y despierto con ellos.
Qué mala costumbre tiene la memoria:
siempre sabe dónde tocar
para que vuelva a doler.
Tengo fotografías que ya no miro
porque hay sonrisas que lastiman
cuando pertenecen a un tiempo
en el que todavía éramos nosotros.
Tengo canciones que no puedo terminar,
calles que prefiero no cruzar,
y una cantidad absurda de palabras
que nunca alcanzaron a llegar hasta ti.
También tengo este corazón.
No sé si llamarlo mío.
Desde que te fuiste
parece una habitación abandonada,
con una silla, una ventana
y el eco de alguien que alguna vez dijo
“quédate”.
No te culpo por haberte ido.
Tal vez el amor también consiste
en aprender a soltar aquello
que nuestras manos quisieran conservar para siempre.
Pero qué difícil.
Qué difícil mirar hacia adelante
cuando todo lo hermoso
se quedó detrás de nosotros.
Yo sigo aquí,
haciendo como que estoy bien,
conversando con la gente,
riendo cuando corresponde,
ocupándome de mis cosas
como si no llevara dentro
un pequeño cementerio de domingos,
besos, promesas y abrazos.
Y algunas noches,
cuando nadie me ve,
me pregunto si alguna vez
volveré a querer de esa manera.
No encuentro respuesta.
Quizá el corazón no se seca.
Quizá solamente aprende
a no derramarse.
Quizá un día vuelva a llover dentro de mí
y no sea por tristeza.
Pero esta noche no.
Esta noche solamente tengo
la ventana abierta,
la lluvia golpeando el techo,
tu recuerdo sentado a mi lado
y esta vieja costumbre de extrañarte.
Tengo muchas cosas.
Tengo noches.
Tengo palabras.
Tengo memoria.
Tengo todavía amor,
aunque ya no sé dónde ponerlo.
Y tengo esta vida
que continúa, tercamente,
como si no supiera
que desde que te fuiste
le falta una parte.
Tengo tantas cosas…
y, entre todas ellas,
lo único que todavía busco
es aquello que se fue contigo:
el hombre que yo era
cuando tú todavía estabas.
—Luis Barreda/LAB
Burbank, California, EUA
Noviembre, 2015.