Gloriosa es la dicha de amar
Caprichosa la desgracia de extrañar
y cuán paradójico es el amar
Son las altas horas de la madrugada,
y el autor, decide sacar su pluma a pasear,
por la necesidad de sus palpitaciones de calmarse
por el dolor que invade su mente
¡y no, no es por desamor!
¡es por amor!
el autor ama, y es amado
pero igual sufre, cuán poético!
pero es que, aunque idílico sueñe el amar
juntos, a solas, con la amada en una cápsula del tiempo
amor, físico y psicológico sin cesar
el autor descubre que el amor no es solo fornicar
que él tiene algunas pretensiones,
y su amada, otras
y sufre, sufre, porque sus almas parecían inseparables
lo que les separa son sus propias intenciones
te amo, pero tú no me amas
le susurra el autor a su amada
buscando justificación para desemplumar la lapicera
ignorando la desdicha más grande,
la realidad propia del ser humano mismo:
el ego, el egoísmo,
el deseo de ser amado,
pero mantenerse como unidad;
amar, sin pagar el precio que tiene
responder a las necesidades del otro.
La musa conserva sus alas,
el autor quisiera aprender su vuelo;
pero hay manos que, por miedo a perder,
terminan pareciendo jaulas.
El autor tendió puentes,
la musa no cruzó el río;
ella oyó exigencias donde él pedía abrigo.
Nos amamos —se supone—,
pero no estamos dispuestos a intentarlo;
acercar nuestras pretensiones,
convertirlas en intenciones.
el amor quizá no sea suficiente
pero no podemos dejar de SER humanos
por eso lo mejor es QUERER querernos