Cuando la duda acribilla
y suspiro tu perdón,
cuando acechante ladrón
me seduce, tu sencilla
mirada quita la astilla
de mi alma, rebosa el don
de tu inmenso Corazón:
tu Espíritu, que semilla
pone en el pecho contrito.
¡Oh Jesús!, en este rito
puedo como hasta tocarte.
¡Tan profundo amor por mí!
Tan sólo estréchame y di
que me amas para abrazarte,
pues estás aquí, Señor.
en la mesa de tu amor.