R.

Cuando el mundo guardo silencio

Sentía tu respiración cerca de mí,

como quien abre una ventana

para dejar entrar la brisa

y templar el cuerpo.

 

Y con ella,

tu aroma se infiltraba en el aire,

mezclándose despacio

con el perfume de los girasoles.

 

El dulzor de tus besos

era el elixir de seguir respirando

y, al mismo tiempo,

querer morir de amor.

 

Tus ojos,

universos infinitos,

donde me pierdo

sin siquiera querer encontrar el camino de regreso.

 

Y esa combinación maldita

entre tu boca dibujando una sonrisa

y tus labios finos,

veneno de un sabor tan dulce

que uno quisiera beberlo

hasta perder la razón.

 

Nos miramos a los ojos.

 

El mundo guardó silencio.

 

Y entonces dije,

casi en un susurro:

 

Tuve un sueño contigo.