Jesús de los Ángeles Valdivieso Alarcón

La bala que no disparé

​Eras de una belleza dolorosa,

casi etérea, como si la realidad te sobrara.

Ayer el recuerdo me asaltó de golpe

y busqué aquella foto entre mis cosas.

 

​Librabas una guerra muda frente al cristal,

una batalla íntima contra tu propia silueta;

tu garganta ardía, llagada de tanto rechazo,

y yo jugué a ser el guardián de tus abismos,

sosteniendo tu fragilidad cuando el espejo mentía.

 

​Quise salvarte con vida. \"Tengamos un hijo\", supliqué.

Pero el pánico te cercó;

te aterraba que la maternidad desdibujara

ese contorno que tanto te costaba mantener.

 

​Luché por ser tu fe, hasta que el silencio se rompió.

Me confesaste lo que te quemaba por dentro,

la herida sucia que nadie quiso limpiar:

\"Nadie le cree a la niña gorda cuando dice que la han tocado\".

 

​Pusiste aquella foto en mis manos.

Me pediste un final para tus demonios.

Dejaste su sentencia sobre mi mesa.

Un enamorado hace lo que sea.

 

​Hoy han pasado tres años.

Sé que tienes un niño, fruto del azar,

que la vida floreció lejos de mi miedo.

Y yo me quedo aquí, con la memoria fría,

preguntándome qué sería de nosotros

si yo hubiera tenido el valor de cargar esa pistola.

 

Poemario: Entre el inicio y el final