Autor: Dario Daniel Lugo
Llegamos a la última letra del abecedario humano.
Más allá no hay signos, ni sintaxis, ni libros que maquetar.
Hay solo el lienzo blanco barrido por el viento del no-lugar.
Asomarse a esa frontera es sentir el vértigo de lo inefable.
La mente intenta inventar nuevos símbolos,
pero la oscuridad los devora con paciencia maternal,
recordándonos que la verdad no se escribe: se padece.