¡Sal de mi cabeza,
murmullo de la noche!
Tu aliento apesta
a rencor y podredumbre.
Aguijoneas mi miedo
para atraparme en tus redes;
donde tu regazo cruel me hiere
y la esperanza sucumbe.
Apareces,
como un búho traicionero,
buscando esquirlas con vida
de este corazón viajero.
No eres más
que otra sombra hueca,
hecha de palabras sin letra,
de largos silencios y heridas sordas.
Pero hoy te destierro
al valle de la muerte,
asi que llévate de aquí
las mortajas de tu vientre.
Busca otro nido
de amor no correspondido.
Esta noche no hallarás presa
en los rincones de mi mente.