La inocencia de la muerte ante su
naturaleza.
Su caricia es el último adiós de lo que tiene vida.
Ella no sabe que carga con tal desdicha.
Se presenta, saluda y despide a la vez.
Se siente en soledad y,
no es que no quieran ser sus amigos,
es que la vida no entiende como fraternizar con ella.
Su abrazo más que consolar, consolida el latido en mutismo y serenidad eterna.
Ella piensa que la calma absoluta es sinónimo de paz mas no sabe que tras de sí, a veces lastima sin culpa.
Yo la pienso y suelto unas lágrimas por su soledad; por ese cariño trágico que el mito siembra y que la experiencia cultiva.