Walking Fragments
Los ojos tienen su propia lengua,
su propia sed.
Hay ojos que preguntan
sin tropezar con la lengua,
ojos que duelen
como migrañas,
ojos que buscan otros ojos,
y ojos que bajan la mirada
y callan.
Todo lo que vemos
se ha caído de su sitio.
¿Quién podrá levantar
lo caído
en el corazón
bajo la gravedad
de su mano?
Verso
con los huesos descubiertos.
¡Oh, delator del corazón!
Heme aquí,
solitario,
hablando con la lengua
muda de mis ojos.
¿Todavía sigues
el rumbo de mi esclerótica?
Vengan,
oigan mi mirada,
vean lo que oyen
y hablen
la lengua primigenia:
todo resto
pertenece a un cuerpo
y este, a otro.
Olvidamos
de dónde caímos
y en este andar levógiro
regresamos.
¿No ves
que lloro de sed
y de silencio?
Ricardo Castillo