Leoness

La boca de la salvación

Ira de sangre, pulso envenenado: 

la esperanza se me quiebra

como una espina fiera dentro del pecho,

pero me entrego al segundo, muerdo la inercia,

lucho furioso contra la marea ciega que me arrastra al abismo.

 

Es un clamor de brasas, 

un día de fiera sin amparo,

desnudo ante el límite exacto 

donde el hombre se rompe o estalla.

 

Y cuando ya no hay horizonte 

y la tierra es ceniza,

una constelación de fuego vivo 

se cruza entre mi carne y el delirio.

 

¡Que se derrumbe el castillo! 

¡Que se desplome la piedra!

 

En el vacío más hondo arde de golpe una llama salvaje,

un incendio que devora la ruina 

para inventar la esperanza.

 

Todo se disuelve en una tormenta ciega,

y de esa nada hirviente 

nace una realidad nueva, impasible,

un fantasma de luz que jamás conoció nuestro llanto.

 

Y de frente, desgarrando la noche,

aparece el relámpago, 

la musa voraz que me quema y me exige.

 

Me da pavor seguir su rastro de fuego,

pero al fondo, 

en las entrañas de esta oscuridad que quema,

presiento la boca exacta de la salvación.