El viento sopló fuerte y cimbró los cimientos,
un huracán amargo lleno de engaños y lamentos.
Cayeron las promesas, el velo de la ilusión,
y en el centro de la tormenta quedó tu corazón.
Buscaste sin descanso la luz en la penumbra,
en verdades a medias que la duda siempre encumbra.
Pero no hay respuesta útil en la boca del mentiroso,
ni futuro posible en un presente doloroso.
Decidiste cortar la espera y la falsa promesa,
cerrar cada puerta con dignidad y firmeza.
Bloquear las fronteras donde te mantenían en pausa,
y abrazar tu propio nombre como tu única causa.
Hoy no estás rota, te estás redefiniendo,
como palmera firme que el viento va curtiendo.
Tus cimientos son nuevos, más sabios y maduros,
para proteger tu hogar con límites seguros.
Una familia de tres, un santuario en construcción,
con tus libros, tus aulas y tu propia canción.
Porque el amor que esperaste de afuera con anhelo,
hoy florece en tus manos y te devuelve el cielo.