Se me quiso arrebatar la conciencia
y, por no dejarme,
el mundo me condenó
a escribir de por vida, eternamente,
hasta que pierda dicha
conciencia.
—Gasta tus años recordando
siempre que eres un camello;
a cambio, a duras penas
llegarás a ser león,
pero jamás llegarás a ser niño —me dijo.
—¿Quieres amar? —le dije.
—¿Un cuerpo? —me dijo.
—Morirás en tu espantoso
pantano —le respondí.
—¿Para ti el amor
no existe?
¿Qué puedes esperar? —me dijo—.
Si dices «amor», mientes;
si dices «te amo»,
mientes horriblemente,
porque el «te amo»
casi nunca se llega
a decir de verdad.
A cambio, te llevas
un par de besos.