Quise no pensarte, pero tu nombre ya vivía en mi alma.
Quise no amarte, pero mi corazón te había elegido antes que mi razón.
Quise olvidarte, y terminé encontrándote en cada silencio, en cada sueño, en cada latido.
Si pensarte es una condena, no quiero ser liberado.
Porque amarte no es una elección, es ese hermoso destino del que mi corazón no quiere escapar.
No quiero decirte simplemente “te quiero”, porque contigo descubrí que hay sentimientos que ninguna palabra alcanza a contener.
Por eso, cariño mío, si he de estar condenado a algo, que sea a llevarte eternamente en mi alma.
Porque si amarte es mi destino, acepto la condena.
Y si el amor tiene un nombre, para mí, lleva el tuyo.
TE AMO.