Una reflexión penetra:
todo cuerpo es abismo,
materia que duda,
su arrullo de certeza.
Constelación que señala
nuestra suerte,
su infortunio.
Una semilla eléctrica,
con su carga incierta,
cuenta pasos en la sabana,
su cuna ancestral.
¿Dónde irá
este manojo de piel curtida,
esta conciencia que empalidece
sin ninguna enfermedad?
¿Seré también yo
ese cuerpo de abismo,
o seré ese abismo
que me contiene,
tan profundo
como mi resignación?
Tropiezo palabras
que crujen significados;
tal vez permanezcan allí,
cuando apague mi mente.
Ahora está lloviendo,
gotas de certezas,
tan reales
que abro mi boca,
solo por sanar.