Dulces gotas de rocío me entregaste solo.
El frío, sin alma, se marchaba heroico.
Suaves mariposas me diste llorando,
al saber que el tiempo se iba acabando.
Labios temblorosos observé en tu rostro.
No existió en el mundo algo más doloroso.
Tus manos, cansadas, cayeron vencidas
mientras la alegría de a poco moría.
Nuestro amor sufría…
La suerte soñada, cerrada con llave,
escondida en roble, en sólidos cristales.
Bajamos la vista sin hallar motivos.
Dejamos que todo lo hiciera el destino.
Cerramos los ojos esperando nada.
Una gota de agua mojó mi pestaña.
Te di un cofre lleno de vastos recuerdos:
la fe y el engaño, partidas y encuentros.
Y el sol, ya cubierto por nubes oscuras,
se marchó en silencio…
Lejanía pura de crueles abismos
para separarnos de nosotros mismos,
dejó en el silencio la más fuerte espina.
Venenosa esencia de rosas dormidas.
Nuestro amor partía…