La virgen
Yo digo una mujer de cuerpo alado
como una zahorí que viene y va;
las manos de una virgen, los aromas
de una pálida estrella sin tocar.
Algún cisne dariano habrá mojado
su muaré donde ondula el vendaval
y así rocío azul que tiembla en rosa
yo la miro reír... coser... cantar...
Quizás esté soñando una mentira
y el mundo está en silencio y nada más,
mas yo sé que algo está latiendo en mí
como una procelosa tempestad.
¡Oh, qué sería de mí si ella acaso
lánguidamente vuelve a suspirar!