La luz sucede, progresa,
alcanza su ocaso,
deja un espacio
para que la noche
entre, no avisa,
como llega se va,
lenta, y lenta entra
la noche.
El agua, por contra,
se cree agua si descansa,
si pesa y cae,
si rebosa y desciende
en pos del sediento,
también si va siendo,
sin dudas, en silencio,
y sabe que es la sustancia,
y no la forma, lo que
hace que la llamen agua.