Algunas veces me duele no tener una morada,
pero mi dolor desaparece cuando hallo el refugio de tu pecho,
y la tibieza de tus brazos en Amor infinito,
y alzo la mirada para ver tus ojos, como parte del firmamento de mi cielo,
y es cuando tan solo tomo una de tus manos... y la beso,
para saciar el hambre y la sed de mis entrañas,
porque eres ese todo que me alimenta, cuando me hace falta una morada;
Extrañaba el aroma a leño de fresno en la chimenea,
y entonces pude sentir el perfume de tus cabellos... tan negros,
como aquel tizón ardiendo, cerca del cual me arrullaba,
también extrañaba, aquellos vientos ligeros que mecían mis cabellos,
pero dejé de pedirlos cuando tus manos acariciaban la superficie de mi pelo,
y amé cada latido de tus manos sobre mi rostro,
cada palabra silenciosa pronunciada en medianoche,
y pude ver tu rostro que ya había imaginado,
y amé cada segundo de tu aliento sobre mi cuerpo,
porque te pensé en la distancia y en la necesidad de mis ruegos,
y estuviste aquí, entre mis sueños como dulce caricia,
y amé cada instante en que tu rostro se volvía una epifanía,
como angel del cielo... como madero en medio de la mar oscura,
como palabra enamorada... como alimento y firmamento,
y amé cada momento,
en que el firmamento, en la morada de mi cielo.