Salva Carrión

¡Que calle el río de piedra!

 

¡Que calle el río de piedra!

¡Que se calle la aceituna!

Que para borrar mi pena,

quiero un trocito de luna.

 

Viene el aire por el monte,

con sandalias de cristal,

buscando en el horizonte

el sabor del olivar.

 

¡Ay, que mi alma se calle,

espejo de sal y arena!

Que baje el astro y la limpie

y se lleve esta cadena.

 

Se me perdió por el puerto,

entre barcos y chalanas,

la lluvia de una querencia

que dormía en las mañanas.

 

¡Qué callada está la herida

con su soledad burlona!

Moja el pañuelo, mi vida,

en mi seca ola llorona.

 

La playa se ve canela

con la orilla de sirena;

el recuerdo es una estela

de marinería serena.

 

¡Que repique la guitarra!

¡Que se encienda la verbena!

Que la mar pronto me traiga

el beso de mi azucena.

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