Abrázame tan fuerte
que mi soledad termine fragmentada
en mil gotas de lluvia,
y que el sol las evapore lentamente
hasta dejar el cielo limpio de tristeza.
Abrázame sin preguntas,
sin promesas que el tiempo pueda romper;
solo quédate un instante,
con el corazón latiendo cerca del mío,
como si en ese abrazo
el mundo pudiera detenerse.
Y si alguna lágrima se escapa,
déjala caer…
quizás también ella necesite convertirse en lluvia
para volver algún día
convertida en luz.
Abrázame tan fuerte
que olvide el peso de mis silencios,
que la noche se haga pequeña
y que, al abrir los ojos,
descubra que todavía existe un lugar
donde mi alma puede descansar.
Porque a veces un abrazo
no cura todas las heridas…
pero nos recuerda, suavemente,
que no tenemos que atravesarlas solos.