Vas con tus alas remando en el viento; nadie sabe que saliste de un sueño. Buscas la ciruela y la zarza. De mil colores impregnas la atmósfera con tu canto; subes, bajas, revoloteas y llegas como una palabra que abre camino hasta el alma. Deshaces la gravedad, jamás te inquieta la tormenta, anidas en mi pecho; el mar te mira ajeno y grita su angustia. Jalas aire, levantas el pecho y agrietas el tiempo.
¿Qué sueños te habitan, pájaro? Vas sobre los maizales y te detienes justo en el centro del universo, ahí donde reinó Julio César; posas tus lánguidas patas y bebes del charco que ha dejado la lluvia. ¿Te habla el agua? ¿Entenderás el idioma de las cosas? ¡Ah, pájaro eterno! Te has encumbrado sobre la trinchera y cantaste tu himno el día que murió la paz. ¿Cuántos kilómetros y cuántos siglos has viajado para encontrarte conmigo? El tiempo jamás poseerá lo que un pensamiento no razona. Vuela y espérame frente al sauce; necesito quitarme las ropas para entender lo que quizá llevas siglos murmurando.