«Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte»
Ramón Gómez de la Serna
Me miré esta mañana al espejo
con la luz encendida del baño;
cuando vi de mi rostro el reflejo,
pensé: «ahí va esa oveja al rebaño»
Conozco de sobra tus trucos,
tus excusas para vaguear,
esos vicios que escondes, caducos,
y el pastel que te vas a zampar.
Sé que dices que vas a correr,
pero acabas pegado al sofá,
y que juras que vas a crecer
mientras juegas al «ya se verá».
¡Qué razón tenía don Ramón!
si me encuentro conmigo en la acera,
me daría un tremendo bajón,
no me vaya a robar la cartera.
Pasaría de largo, indolente,
vista al suelo, sin mucho interés,
evitando a un señor prepotente
que me hace sentir mucho estrés.
¿Qué tal, cómo va, viejo amigo?
¡Cállese! ¡Qué insufrible que es!
mejor paso desapercibido
y no cruzo palabra con él.
Me despido de mi propia imagen,
ignorarme trae la paz mental;
antes que de quicio me saque
¡No saludo ni por caridad!