La orilla del pan
Hay golpes en el mantel que no se perdonan.
Una sopa sabe a víspera.
Hermano, hoy me duele la salud.
Me duele este pedazo de carne limpia
que no ha hecho nada para merecer la tarde.
El agua de la casa
se va volviendo vieja sin que nadie la beba.
La madre nos medía la frente
con la mano fría.
El pan alcanzaba.
La sombra todavía no entraba en los zapatos.
Ahora sobra un tenedor.
Un sitio hondo en la mesa,
un hueco de polvo
donde alguien dejó su nombre.
Esta pequeña falta de aire
se nos va volviendo costumbre.
Si hemos de cenar a oscuras,
nos sabremos el dolor de memoria.
Autora
© Nelly Cevallos-Liora
21 de agosto al año 2026