A veces cuando yo escribo
siento una estrella bajar,
y es usted, Doña Rosa,
que a su hija sigue a cuidar.
Desde el cielo que es su casa
me ilumina el corazón,
y en su brillo silencioso
yo comprendo su amor.
Teñía el cabello negro,
como quien no quiere partir,
y en sus ojos pardos, quietos,
la bondad sabía vivir.
Violeta lleva en su alma
esa luz que usted dejó,
esa ternura callada
que alimenta alrededor.
Cinco años han pasado
y su estrella sigue igual:
a veces flor, a veces música,
a veces un dulce cantar.
Doña Rosa, yo la nombro
con respeto y con calor.
La celebro en Violeta,
en su memoria y su amor.
Desde mi isla le envío
un abrazo en mi canción,
porque poetas somos juntas:
Violeta… y mi corazón.
08/21/2026