Juan Antonio Quiroga

Epílogo

Exhausto de acercarme a mi destino

mi ronca voz ya es sólo cruel gruñido

mi cuerpo yace triste y desteñido

tenue reflejo, lánguido y cetrino.

 

Temer al impostor que fue tu trazo

craso enemigo de tu eternidad 

¡Lucero infame! falto de bondad

mi sombra vuela rauda hacia el ocaso.

 

Escucha padre bueno y da permiso

a este ruego en mi ciega oscuridad:

disuelve ya tu velo, ¡ten piedad!

y déjame asomarme al paraíso.