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Nadie comprende cuando la noche
se va tornando más interminable,
culpas al corazón como responsable,
lo llenas de tristeza y reproche.
Sólo piensas cuando abrías su broche
disfrutando lo que creías inalcanzable
pero que estaba ahí, contigo, palpable
y te dió amor hasta el derroche.
Pero ahora esas oscuras horas
traen tristeza, mucha melancolía,
sufres porque aún la adoras
y como no hacerlo si ella solía
dar esa felicidad que ahora añoras,
besos, su cuerpo y hasta cómo olia.
II
Ella palabras no necesitaba,
con sus ojos todo lo decía
y con su entrega, manso obedecía
porque a otro mundo, me llevaba
y siempre le creí que me amaba
no importaba el tiempo si anochecía
o era el alba porque ella me ofrecía
su encanto cuando se me entregaba.
Sigo amando su silencio y el grito
de su cuerpo, su piel, su sudor,
de ella todo, todo lo necesito.
Recuerdo cuando se me daba sin pudor
por eso ahora la noche lúgubre pasa
lenta, y ella ya no decora mi casa.