No fue de este mundo el primer destello
ni el roce callado de nuestras miradas,
fue ver en tu esencia lo que en mi alma despiertas,
el dulce refugio de habernos encontrado.
Se encendió mi pecho un calor divino,
un vuelco profundo, místico, certero,
río sereno que calma mis días…
me lleva a un eterno destino.
Un lazo invisible que amarra el camino,
la brisa suspira en tus cabellos,
con una caricia, con tu mirada
se encienden los astros más bellos.
No importa la distancia ni el viento sombrío
ni el tiempo que se va vagabundo,
tus manos sujetan las mías,
dos almas que habitan una misma huella…
En tus ojos encuentro mi mundo.