Le pedí a Dios que permitiera dejarme a tu lado,
Y en tu lugar me dejo el jardín que cuidaste con tus manos,
Así pude recordarte cada mañana cuando respiraba del aroma de tus jazmines,
Cuando acariciaba el terciopelo de tus rosas,
Y me embriagaba con el multicolor de tus hermosas dalias,
Flores todas que no llevan tu nombre,
Pero si, la semilla de Amor con que las sembraste.
Le pedí a Dios que si habías de partir me llevara contigo para no estar solo,
Y en su lugar me dejo en abandono de tu compañía,
Sin el eco de tus risas y de tus cantos nocturnos en madrugada,
Y sentí que mi herida socavó la más honda de mis entrañas,
Y se perdió mi mirada en el vacío de mis pensamientos,
Y los ecos se plasmaron las paredes con tu nombre ya marchado.
Le pedí a Dios, que me quitara el sufrimiento de haberte perdido,
Y me dejó su silencio… para que te pudiera recordar a solas,
Y continué hablándote, como si aún a mi lado tu andabas,
Y… empecé a hacerte un espacio para que conmigo cuidaras,
Esas flores que seguían vivas en el jardín que lleva tu nombre,
Y empecé a sonreír… nuevamente.
Hoy dejaste de ser un recuerdo,
Para ser historia de resiliencia en mi vida,
Y te volviste un todo de cada mañana, de cada madrugada,
De cada luna entrando por mi ventana,
De cada mañanita de rocío sobre la piel de tus amadas flores,
Y entonces le pedí a Dios…
Que me dejara, que me diera vida, que me acompañara,
Para seguir cuidando de las flores de este jardín,
Este reino de flores donde se confunden los aromas,
Este refugio de recuerdos y de poesías en secreto,
Este jardín…
Aquel jardín… que lleva tu nombre,