Lo que ves inofensivo
puede ser muy peligroso;
pero, por ningún motivo,
tú te fíes de un meloso.
Es más «digno» el ofensivo
si tú sabes que es dañoso
pues tu andar es preventivo,
más atento y más dudoso.
Y en la duda y desconfianza
suele estar la garantía
que el dolor no tenga fianza
de arroparte cada día
porque el mal con su porfía
al confiado, más afianza...