Leoness

Devoramos el sol

Devoramos el sol en una sola mordida,

ebrios de mercurio y relámpagos carmesíes,

mientras tus dedos echaban raíces en mi pecho

y tus ojos desordenaban la geometría del universo.



Éramos dos meteoros incendiando el vacío,

una selva de carne, vértigo y residuo,

donde tus susurros erupcionaban como volcanes

y el tiempo se derretía, ciego, bajo nuestras bocas.



Hoy la noche navega sobre venas de cuarzo

y el cauce de la sangre late en tu vientre subterráneo;

no nos importa que el río devore sus propias orillas

si tú y yo flotamos en la misma ola de fuego.



Dejar que el tiempo pase es morir de a poco:

nosotros bebemos la lava furiosa del instante,

fundidos en un eclipse que jamás pide perdón,

atrapados en el filo de nuestra propia llama .