Yoel Ledesma

Las máximas de la verdades vividas

Pensamientos que rondan en mi mente; crece la angustia presente dejando una ruptura en mis ideas, armando la amargura del momento y volviendo al pasado doloroso. Esta tragedia que limita mi hablar es más cortante que tu respuesta final. Sabiendo que todo se termina, me arraigo a la falsa rutina de amarte hasta el último instante.
​Las palabras se vuelven anclas en lo más profundo de mi alma: se desgarran y se rompen en tu silencio. La calma, que para muchos es un alivio, para mí es la tortura de mi destino; viendo que tiene la última sentencia, me quedo desprotegido en este juicio final.
​Deseché los prejuicios que tenía, creyendo que contigo me equivocaría, pero resultó que los tabúes eran verdades y las libertades, mentiras encofradas. ¿Quién pensaría que dolería tanto verte cara a cara ese día? Confiado y con miedo, creía que saldrías y me recibirías... pero quedé plantado en tu casa, clavado como cerco de estancia.
​La duda se asomó por mi costado y me preguntó si todo ya se había terminado. Peleado con la realidad que me atormentaba, le pregunté por qué me hacía esto. Me respondió:
​—Por ignorar la verdad. Ella, que nunca te desampara, te muestra la crueldad de este mundo mientras vos abrazás ilusiones pasajeras.
​Todo lo que comienza mal termina peor, pero insististe en creer esa fábula. Pensaste que tenías un desenlace y creíste en la moraleja del final, pero nunca llegó lo que esperabas. Arruinaste días y meses como si nada; no evaluaste el daño que te hacía y caíste de rodillas en tu propia sombra. Con la mirada en el piso, llorando, dejaste bien en claro quién te hirió.
​Lagrimaste en lo más profundo de tu alma y juraste nunca más confiar en nadie. Sabiendo que es una mentira, lo sellaste en tus manos escritas con verdades y conclusiones vividas: creaste las máximas de tu vida.