racsonando

Éstas letras II

ESTAS LETRAS II

\"Toda palabra es un viaje: del insomnio al recuerdo.\"

 

Estas letras tienen sus sueños húmedos,

sus ojos de pesadillas,

sus horas en vela,

su grito esencial,

el viaje anodino,

su desesperación…

Estas letras…

sueñan las bocas manchadas de café,

la simpleza del cigarro,

la blasfemia sobre el pergamino,

la telaraña y el bufé.

Traen ojeras oceánicas,

son centinelas de las madrugadas

y no entregan monedas al atardecer;

levantan un grito sin camisa.

En la ventana de su cielo

se eleva una voz

que se rompe al pronunciar tu nombre.

Amén para las pobres y majestuosas letras

que doblan arrepentidas

la comunión de las rodillas,

que alzan desprendidas

las palmas de nuestra voz,

que escupen adoloridas

el desaliño de la piel.

Estas letras…

pomposas y enjutas,

impías y justas,

tercas, arrogantes,

sensatas, gallardas,

las tuyas y mías,

caminan la calle,

el empedrado y el detalle;

el vigía y el vate,

y ponen plegarias de salvaje emoción.

En su tránsito de maravillas,

corren descomulgadas tras el conejo de Alicia

y caminan sonámbulas para aliviar su dolor.

En un paseo lento... muy lento,

como perro andariego, el molino

y el viento; Don Quijote y su lanza,

su fiel Sancho Panza

y más de cien años de olvido

y de salvación.

Estas letras...

multiplican su remolino de recuerdos.

Ronronean bajo el sueño de los gatos

que peregrinan en aquelarres nocturnos

sobre la fe de los tejados.

Aún con el crayón resquebrajado,

dibujan la anatomía de un reloj sin esfera,

un péndulo de arena, un idilio sin horas.

Si las pongo sobre un manto de sueños,

viajarán seguras con su valladar de amores;

quizás —sin presumir de galanterías—

un tanto descoloridas,

vistiendo la pálida pátina de un color enmohecido

por el influjo ímprobo de las témperas del sueño.

Tienen su propio Edén,

su Eva y su Adán:

un patio donde caben la mesa, el pan,

y su paraíso del todo y de la nada.

Ah... estas letras

serán las incrédulas crédulas de la soberbia,

la sartén sin mango,

el refugio sin cama ni almohada...

y tendrán, al final,

el aire seco y escéptico de tu mirada.

Racsonando Ando > Oscar Arley Noreña Ríos