Tu firma
Me cegué al mediodía.
El sol, por piadoso, me taló los ojos
para no verla plena como la luna.
Me selló a mitad de la quemadura,
pero este corazón sigue vivo e insiste.
Cada amanecer busca el rayo para quemarse,
mendigando el sello de tu sombra,
pidiendo a gritos que sean tus manos
las que terminen de tallarme la carne.
Que me esculpas o me rompas,
pero que sean tus uñas
las que me abran la carne hasta rasgarme el corazón.
Autor: Álvaro sampayo