El amor después del tiempo
Amar cuando ya han pasado los años
es reconocerse en medio de la soledad,
mirarse de nuevo
y descubrir que, debajo de las arrugas,
todavía habita aquel deseo
que alguna vez pronunció nuestros nombres.
Es volver a encontrarse
sin la prisa de la juventud,
sin promesas que necesiten eternidad,
con la certeza sencilla
de haber sobrevivido juntos
a tantas formas de perderse.
Amar después del tiempo
es tomar una mano que ya conoce
el cansancio de los días,
y comprender que el amor
no siempre permanece intacto:
a veces cambia de piel,
se vuelve silencio,
cuidado, memoria,
una presencia que acompaña
cuando todo lo demás se ha ido.
Es mirarnos en el espejo
y no preguntarnos cuánto hemos cambiado,
sino cuánto de nosotros
todavía permanece en el otro.
Porque quizá amar después de los años
no sea volver a empezar,
sino descubrir
que nunca terminamos de encontrarnos.
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