Aunque profundas grietas y ofrentosas ondas necias, embriaguen con tumulto, el sosegado laso de la muerte, no me visitará la angustia.
Aunque se desplomen las estrellas...
Te alabaré siempre, con palabras bellas.
Tus cabellos, serán seguro techo.
Y en raudo remezón, gozaré de paz y alivio. Porque tus brazos oh, mi Dios, serán gloriosas columnas de protección.
Te alabaré con palabras nuevas, sonatinas de laureles divinos llenos de gratitud para tí.
Amén.