Llegado a una multitud,
para servir a una reina,
a quien desconozco,
sus facetas guardan su colmena.
Regresaré en busca de su polen,
custodiaré su corazón
si dependiese de mi aguijón;
en esos días, estaré en vanguardia.
Tal vez no sea el primero ni el último,
pero seré quien sacrifique
su colmena para verte viva;
entonces por esa realeza seré juzgado.
Desparramado a la vista,
solo el zángano de su colmena,
a una reina sirvo y me voy:
con el corazón marchito y cojo estoy.
Ford George